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24 octobre Loading... Soy de la generación de los 80, no porque haya nacido en esa década (cosa que no sucedió), sino porque en esa época me formé, desarrollé mis gustos y lo pasé fantástico.
Creo que hay cosas de esa década que son irreemplazables. Por ejemplo, la música. Soy bastante abierto de oreja, escucho de todo un poco, pero la música de ese entonces no tenía rivales (aunque de los videos musicales no puedo decir lo mismo...). Más allá de toda la estética de esa época, tanto visual como auditiva (cómo olvidar el estilo Miami Vice?), hubo otras cosas que me marcaron profundamente. Una de ellas, fue la aparición de los juegos de video. Tardes de sábado enteras en los videos con mi hermano chico, la primera Atari 2600, mi primer "computador", también Atari. No fué el clásico 800XL, sino que fué su versión "atómica", un 130XE, que era más bonito, y tenía el doble de RAM (128 KB en lugar de 64). Mi Palm corre a 144 MHz y tiene 16 MB de Ram, mas una tarjeta de expansión de 512 MB, del tamaño de una estampilla. Recordemos que 1 MB son 1.024 KB... Sin embargo, esa pequeña maquinita, que en su minuto fué mas revolucionaria que una Playstation, me introdujo, al igual que a la mayoría de mis congéneres, al mundo de los juegos de video... Actualmente, los juegos de video distan mucho de lo que fue en esa época. Un cuadradito que le disparaba a otro cuadradito. Hace unos días instalé un emulador del Atari, y muchísimos juegos. Yo ni siquiera tenía una diskettera, lo cual en ese entonces era un gran lujo, y era más cara que el computador mismo. Tenía una cassettera, por lo que para jugar, antes debia cargar el juego desde el cassette, esperando unos 20 minutos (dependiendo del juego) sólo para que cargara. Recuerdo que en ese entonces grababa varios juegos en un cassette, y en la cassettera marcaba en cero el principio, y en la carátula del cassette anotaba el numero donde empezaba cada juego. Hoy en día, los juegos, a simple vista, no tienen nada que envidiar a una excelente película de acción. Es más, yo diría que hay muchas películas que se verían mucho mejor si tuvieran los efectos especiales que pueden verse en un buen juego. Viendo ahora esos juegos del Atari, aparte de despertárseme muchos sentimientos, sobre todo al oír esas músicas y sonidos, me llama la atención lo toscos que se ven. Qué tremenda evolución en tan poco tiempo! Las tramas son cuento aparte. Existen juegos que perfectamente podrían inspirar una película que sin duda recibiría algún premio. Uno que ya lleva sus buenos años, es uno no muy conocido, que se llama Mafia (http://www.gamespot.com/pc/action/mafia/index.html). Es la historia de la vida de un gángster. Un joven taxista, que por una jugarreta del destino, se ve involucrado con la Mafia de EEUU en los años 30, y termina siendo uno de los más poderosos y temidos, pero termina desbaratando una red completa y entregando a los más altos líderes. El juego en sí, aparte de tener la particularidad de permitirle a uno interactuar completamente con el entorno (puedes caminar, conducir vehículos de la época, moverte en tren o trolley, disparar, etc.), tiene una trama tan, pero tan apasionante, que uno sigue jugando, más que por el placer que otorga jugarlo, por ver el resto de la historia. Una verdadera película, donde no han quedado fuera el amor, el matrimonio, la amistad, la traición y otras tantas cosas que le dan sabor y un enganche difícil de igualar. Mención aparte merecen sagas como Tomb Raider, que me enviciaron desde su humilde primera versión, hasta la altamente estética y evolucionada "Tomb Raider Legend". Una forma de juego entretenidísima y a la vez muy básica. El descubrimiento de civilizaciones ocultas, traiciones, mitología y ocultismo. Una protagonista absolutamente enamoradora, tanto por personalidad como por estética. Una banda sonora de otro mundo. Lo mismo con otro estilo muy popular, competencias deportivas. Dentro de ellas, una de las más famosas es The Need for Speed, una saga de simuladores (se llaman así porque no se trata sólo de un juego, sino de simulaciones completas, con imágenes y texturas fotorrealistas, con permisos oficiales de uso de marcas de automóviles, con estudios físicos de colisiones de alto realismo, etc.). Poder darse el gusto de correr en un Mustang del año, un Nissan Skyline o un Porsche Carrera GT, con un realismo único. Dentro de la misma línea de juegos deportivos, la serie Fifa, para los fanáticos del futbol, es un imperdible. Tantos y tantos juegos que han marcado a generaciones completas, desde el Montezuma hasta Tomb Raider, desde el Pole Position al Need for Speed, desde el Space Invaders hasta Star Wars - The Phantom Menace. Serían varias páginas las que necesitaría para mencionar siquiera los que más me han gustado. Sin embargo, con esto basta para llegar a mi punto. La evasión sana. Así como hay evasiones tan sanas como ser un cinéfilo, o un devorador de libros, también están los juegos de video. Por el otro lado, tenemos gente que se evade drogándose, consumiendo alcohol, estupefacientes o alucinógenos. Bueno, esto es mucho mejor. Es mejor que cualquier droga, porque aparte de no hacer daño y de no ser una entretención cara, normalmente ayuda a desarrollar los reflejos, descargar tensiones y darle a uno la posibilidad de experimentar, de manera segura, cosas que no haría en la vida real, liberando así instintos y presiones sin dañar a nadie. Y sin causar arrepentimiento al día siguiente. Es mejor que el cine, del cual soy también un fanático, en el sentido de que permite interactuar. Uno tiene el poder de cambiar el curso de los hechos. Además, basta si surge algo más importante que hacer, uno simplemente graba y sigue otro día. Aparte de estos dos argumentos, hay un tercero. Le permite a uno vivir otra vida. Puedes ser un gángster, un asesino, un piloto de guerra, un corredor de autos deportivos extremadamente caros... Lo que quieras. Y tanto rato como quieras (o te dejen), y prácticamente gratis. Y absolutamente seguro. Para mí, es algo terapéutico. Yo juego cada vez que puedo (bueno, en realidad, desde que me casé, debería cambiarlo por "cada vez que me dejan"). Me permite descargar las tensiones que uno va acumulando durante el día. Mientras juego, se me olvida todo lo demás. Es ese desafío y yo. Es una liberación mental más poderosa que una película que de verdad enganche. Es vivir una vida alternativa durante un rato, donde puedes hacer lo que se te venga en gana. A través de los juegos, es fácil familiarizar a un niño con el uso de un computador. Se usa a nivel terapéutico para niños y adultos con problemas de coordinación motriz, y cierto tipo de juegos ayudan a mejorar la percepcion espacial, la agilidad mental, la velocidad de reacción, etc. Sin duda que tiene sus problemas, sobre todo el tiempo que uno gasta en ello. Sin embargo, creo que es una terapia sana para muchas cosas diferentes. Si nunca has sido un "jugador", te recomiendo seriamente que pruebes uno que otro juego. Vivimos en un mundo que idiotiza, que nos cubre de resentimientos, frustraciones y limitaciones, donde hay reglas para todo. Jugando, puedes ser incluso más libre que soñando. Eso, por supuesto, en la medida que no te envicies de mala forma. Pero como dicen por ahí, la clave es el balance. Agregar un poquito de juego, realmente hace bien. Y no destruye el hígado. - Vischo - 22 octobre Un regalo de cumpleaños Hace un año escribí una carta a mi viejo, que creo que ninguna persona de las que la haya leido pudo quedar indiferente ante ella.
No podía dejar pasar una fecha como esta sin tirar unas letras a mi blog. Estoy precisamente en un dia isla. Ayer se cumplieron 7 años desde que falleció, y mañana era su cumpleaños. Casi como un regalo, mi hermano ha terminado su carrera, y pasado mañana jura en tribunales para comenzar a ejercer como abogado, lo cual fue su sueño desde chico. La vida no deja de sorprenderme. Las cosas coinciden de tal forma, que de verdad cuesta creer que todo esto no estaba orquestado, premeditado y finísimamente bien calculado. Dentro de lo que ha sido mi propia vida, por ejemplo, me ha tocado de todo un poco. Mi viejo, por ejemplo, desde chico no fue muy bueno para darme cosas regaladas, salvo por supuesto para las dos fechas típicas, cumpleaños y navidad. Sin embargo, el resto del tiempo siempre me hizo ganarme aunque fuera una luca. Incluso durante el período de mejor situación económica que hubo en mi casa, eso fue una constante. Mis amigos no eran capaces de comprender que, siendo que gozábamos de una situación bastante mejor que el promedio, a mí las cosas me siguieran costando. Curiosamente, a mí no me molestaba, estaba acostumbrado. Tampoco me daba envidia ver que a ellos de repente sí se les regalaran cosas. El paso del tiempo y los porrazos de la vida me demostraron que un amigo puede jugarte chueco. Me pasó a mí, y ví como le pasó a mi viejo también. La diferencia es que para mi viejo fué un revés tan poderoso, una cifra con tantos ceros, que significó el fin de nuestra prosperidad económica. Quienes conocieron a mi viejo, coinciden en que fue una persona muy sabia. Sin duda cometió muchos errores, como todos, pero siempre fue un gran consejero, y siempre fue muy admirado por quienes estuvimos cerca. Su vida fue dura, se casó muy joven, lucho partiendo desde cero, y logro sus metas. Contra la corriente, pero las logro. Curiosamente, hay un aspecto en particular que me parece muy llamativo. A mi edad, mi viejo ya nos tenía a mi hermano y a mi. Y precisamente por lo mismo, me llama la atención, ahora más que antes, con la sabiduría que lo manejó. Creo que hubo 3 cosas que siempre fueron constantes dentro de aquellas en las que más insistía: - Respeto por mi madre. Siempre destacó la capacidad de entrega de mi vieja (ciertamente muy superior a la del promedio de la gente), que aprendiera a entender sus mañas y a asumirlas como "parte del paquete". Y a hacerle caso, porque sus intenciones siempre eran buenas. - Amor por mi hermano. Siempre reforzó el lazo que hasta el día de hoy nos une tan poderosamente, mucho más de lo que veo en otros hermanos. Siempre recordaré que a mis 8 años, siendo un pendejo, cuando mi hermano estaba recién nacido, y yo nunca había tomado un bebé, lo puso en mis brazos y me dijo "recibe a tu hermano... Su vida depende de que lo tomes bien". Y creo que nunca más lo solté. - Instinto de lucha, pero no con ambición cegadora, sino dominado por el intelecto. Mente sobre materia, pero con sangre corriendo por las venas. Me inculcó que el dinero es una consecuencia del trabajo, y así como no ves una sombra sin un objeto que la cause, no ves dinero sin un trabajo que lo genere. Esas 3 enseñanzas o directivas básicas, siguen estando en mi ROM como algo indeleble. Curiosamente, fueron precisamente ellas las que me permitieron salir del hoyo. En realidad, de todos los hoyos en los que he caído en mi vida.
Mi viejo no era una persona que llegara temprano, ni con quien pasáramos demasiado tiempo porque su trabajo era absorbente y sacrificado, y muy demandante de tiempo. Sin embargo, todo tiempo que compartimos fue intenso, de muy alto contenido. Fue capaz de encontrar una forma de transmitir muchísima sabiduría en poco tiempo. En una conversación uno ganaba una vida de experiencia. Ciertamente me ha tocado una vida bastante dura, y tanto los principios que inculcó en mi como las vivencias mismas, me han aportado un nivel de experiencia de vida que se han transformado en una ventaja para mi. Creo que todos tenemos el instinto de dar lo mejor a nuestros hijos. Veo que quien tiene un hijo, lucha por hacerle la vida más fácil, se esfuerza por darle todo lo que puede a fin de acolcharle su camino. Sin embargo, creo que la naturaleza dicta otra cosa. Alguna vez leí por ahí que la vida sería mucho más agradable si, cuando uno naciera, le entregaran a uno un manual de instrucciones. Curiosamente, siempre he pensado que el manual sí existe: es la naturaleza misma. Todos los grandes avances del hombre, filosóficos, científicos, económicos y de todo tipo, han surgido de hombres que han observado la naturaleza antes de trazar líneas. Todo animal hace cazar a sus cachorros apenas tienen dientes. Todo animal estimula a sus crías a "jugar" con sus hermanos, juegos que en realidad son una lucha sin herirse, gracias a los que desarrollan sus instintos y su capacidad de supervivencia. Sin embargo, probablemente como fruto de la vida tan antinatura que llevamos, creo que intentamos compensar a nuestros hijos acolchándoles un camino que no puede ser acolchado. Intentamos poner una alfombra roja sobre un camino de tierra, y el día que esa criatura se enfrenta al mundo real, la alfombra desaparece. Cuando entras a la universidad, cuando comienzas a trabajar, cuando te enfrentas al desengaño, cuando te das cuenta de que el mundo no es un lugar donde sólo vive gente como tu familia, sino que es un lugar habitado por todo tipo de seres, incluyendo inescrupulosos, malintencionados, envidiosos y otras razas, caes en una especie de shock interior. Los primeros porrazos por Dios que duelen. Y duelen porque no estabas preparado, porque no sabías que las cosas podían resultar así. Creo que el acierto más grande de mi viejo fue estimular en mi hermano y en mi el contacto con la vida real, desde chicos. Que sintiéramos el feeling de la vida como es, con el hecho de tener que ganarnos la mesada, con el hecho de asociar un costo a cada cosa. No económico, sino en lo que doliera. Si yo quería algo, no se trataba de que tuviera que conseguir el dinero para comprarlo, sino que la vía era, si o si, algo que me costara. Quería irme de paseo con mis amigos? Ok, el dinero para salir vendría cuando terminara de cortar el pasto, o de pintar la reja, o cualquier cosa que me desagradara para esa edad (hasta cosas o actividades que ahora me relajan o me parecen terapéuticas). Incluso recuerdo una vez que, para obtener mi permiso, el precio era leer un libro un tanto filosófico y comentarlo con él. Creo que esas cosas me prepararon para enfrentar los embates de la vida como algo natural. Me consta que he recibido más porrazos que lo usual, y precisamente esa preparación es la que me ayudó a no deprimirme frente a ciertas cosas, a enfrentar las pérdidas con sabiduría y temple, a sentir la lucha por la supervivencia como algo tan natural como respirar... Desde chico. Hay muchas cosas en mi vida que me gustaría mejorar, sin embargo, en general me siento feliz. Hay muchas cosas que quisiera haber logrado a estas alturas, metas que quisiera haber cumplido, lo cual a veces me frustra temporalmente, pero siempre mi balance ha sido positivo, sintiendo satisfacción por mis logros y siendo intensamente feliz por la vida que me ha tocado vivir. Y curiosamente, mis amigos consideran que mi vida ha sido durísima. Y a mi me gusta. Hasta disfruto de ciertos problemas, porque los siento casi como un desafío intelectual interesante. Esa filosofía de vida, se la debo a él. Lo mismo con la relación con mi hermano. Gozo de una relación con él que francamente no he visto en otras personas. Nunca hemos estado enojados ni peleados. Nunca hemos sentido envidia por el otro. Siempre nos hemos apoyado y ayudado incondicionalmente. Incluso siendo niños, creo que nunca ni el ni yo nos comimos una galleta a escondidas, si había una, la compartíamos, de manera automática. He jugado un rol paternal en su vida, y a la vez el en la mía. Es como si yo lo hubiera escogido y él a mi. Otro beneficio extra que obtuve por esa formación, fue la capacidad de ser altamente autodidacta. Mi sustento actual no se lo debo a la universidad, ni a un profesor ni a un curso. Lo aprendí solo. Hablo y escribo inglés sin problemas, incluso a nivel técnico, sin jamás haber hecho un curso siquiera. Y creo que todo lo que soy, ha sido directamente consecuencia de mis propios esfuerzos, dedicación, investigación y ensayo y error. Y esa sensación causa una satisfacción tan profunda, que es una fuente inagotable de orgullo y estímulo. Sin desmerecer a mi madre, que ha sido un pilar en mi vida, y quien siempre aportó el cable a tierra en mi familia, el aporte de formación que puso mi viejo en mi hermano y en mí, fue decisivo. Fue tan sólido, que resistió los embates mas bestiales que pueda uno imaginar. Creo que más allá de todo lo que han significado esas enseñanzas en mi vida, más allá de los beneficios y las armas que me ha dado, es también un ejemplo. Un amigo me dijo que uno, en el momento de la vida que más extraña a su viejo (aparte del matrimonio), es al momento de tener a tu primogénito en tus brazos por primera vez. Creo que disto mucho de ser una persona que pueda ser un padre ejemplar, pero, a modo de ofrenda, el día que tenga un hijo, intentaré darle precisamente esa formación, prepararlo para los embates de la vida, que sin dejar de ser un hombre (o mujer) de principios sólidos, sea alguien listo para la guerra. Una persona que disfruta tanto de una pieza clásica como de Iron Maiden, reconociendo lo bueno y malo de cada uno, que puede sentarse a cenar en el Hyatt o a comer una sandía a pie pelado en la tierra. En el fondo, que caiga parado como lo tiren. Esa será mi ofrenda hacia mi padre y hacia mi hijo. Intentaré darle una formación como la que yo recibí, y si puedo hacerlo mejor, tanto más feliz. Y ese será el verdadero regalo y legado de su abuelo, a quien no conocerá en carne, pero si en espíritu, en obra, fotos y filmaciones. Y es mi regalo (por cobrar) para mi viejo en su cumpleaños. Es increíble, pero el tiempo en realidad no lo arregla todo. Hay dolores que si bien pueden aminorarse, no se van nunca del todo. - Vischo - |
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