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10 juin La más grande porno jamás filmada Vivo en Chile desde que nací, hace más de 30 años. Así y todo, aún no termino de acostumbrarme a algunas cosas tan propias de nuestro pueblo como la chicha y los copihues; la falta de seriedad y profesionalismo, las cosas a medias, todo hecho como el TranSantiago o el puente que se cayó en el sur.
Vengo llegando de pelear con la asaltoposta prepucio sur (la cual intentan hacer conocida como "Autopista Vespucio Sur", así con mayúsculas y todo). ¿Por qué tuve que ir, si pago puntualmente mis cuentas por Internet? Simple, porque me estaban cobrando las pasadas de otro auto... Uno que no conozco ni menos aún poseí antes. Por supuesto, en el website no hay como objetar una cuenta, e ingresar un reclamo es el equivalente a imprimirlo y tirarlo a la chimenea; es claro que hacia alguna parte se va, pero también es claro que si lo mando o no, nadie que me sea útil lo leerá.
Esto ocurrió hace 4 meses. Apenas me llegó la cuenta, por supuesto desfasada, atrasada y a una dirección en la que no vivo hace ya años, llame al fun center (ellos le llaman "Call center", pronúnciese como "Scotiabank") y me di la lata de tener que explicarles todo. Luego, la muy gentil y sensual operadora, me dijo que tendría que esperar 10 días por la emisión de una nueva boleta corregida, y que ellos me llamarían para avisarme y poder de una buena vez pagarles. Por supuesto, a los 10 días no me llamaron... Ni a los 20 ni a los 30. Volví a llamar y me dijeron que estaba en proceso. Les advertí que yo no pagaría intereses por un problema de ellos, y ella me dijo que obviamente eso no era procedente y que me quedara tranquilo. Repetí el procedimiento unas 4 veces mas, hasta que ayer me hicieron llegar una carta en tono amedrentador, amenazándome con que si no pagaba, aplicarían cobranza judicial, me meterían a Dicom, me cobrarían 40 veces el valor de la deuda y me anularían el tag, haciendo que cada pasada por un pórtico fuera una infracción grave.
Ahí si me enmierdé, llamé y quien me atendió era una persona que no pertenecía a la autopista, sino una operadora de la agencia de cobranzas externa. Dijo que la única solución era ir en persona.
Hoy fui a las oficinas de la autopista. Un edificio ultramoderno, equilibrismo con concreto, vidrio y acero, futurista, lleno de posters de minas con sonrisas Pep, cintillo telefónico incluido, que jamás han trabajado en un call center. Saqué un numerito de atención, y después de una espera de 3/4 de hora, me atendieron. La niña me dijo unas cuantas cosas como para mandar a enmarcar:
Resultado: tuve que pagar mi gasto real, el interés devengado del retraso, y también el interés por el retraso en el pago de los pasos del vehiculo que no era mío. O sea, yo pago lo que ellos quieren y mis derechos son tan reales como las promesas gubernamentales.
Decidí pagar porque el costo de estar yendo, llamando y de una eventual querella en contra de ellos, era superior al costo de los intereses. La vieja técnica que alguna vez utilizó Telefónica con las llamadas de larga distancia a Mongolia por 0,8 segundos de duración, que costaban menos que el pasaje de micro que gastarías en ir a reclamar, aplicada en la actualidad.
A eso yo le llamo "robo hormiga por volumen".
Lo que me parece inaceptable, es que siempre, una y otra vez, somos víctimas de estas estafas legitimadas por el estado y la ley. Las ladroncesionarias pueden robarte una y otra vez, y nadie puede hacer nada porque cualquier acción resulta más cara que simplemente ser víctima del sistema. Con los precios actuales del combustible, gravados con un impuesto insólito, los permisos de circulación, injustificados y en muchos casos demencialmente altos, el mismo pago de los peajes por las autopistas urbanas, en conjunto con los bajos sueldos y lujos de altísimo nivel pero de primera necesidad, como la salud y la educación, impiden que podamos defendernos.
Los choferes de la locomoción colectiva, los vendedores, las empresas que venden servicios, productos, créditos… Todos abusan de la ley, y la ley no hace nada. Y nosotros no hacemos nada.
Ahora, todo esto suena a “las crueles empresas” y “los pobres consumidores”, pero en la práctica la realidad es muchísimo más triste que eso. ¿Quiénes están causando estos robos? Nosotros mismos. Y no sólo por permitir pasivamente que nos estafen, sino porque nosotros mismos somos funcionarios de alguna empresa que estafa a más gente como nosotros.
¿Por qué no se ingresó mi reclamo? Porque una operadora telefónica, con mil problemas económicos en su casa, ganando menos de 200 lucas en una pega de 10 horas diarias, sin acceso a la información necesaria para resolver mi problema y pendiente de problemas más graves (los de ella misma), simplemente me dijo “siéntese y espere”. A ella misma otras empresas, incluyendo al estado mismo, le están robando.
Todos estamos inconformes y somos cómplices de estos robos, y desde ambos bandos, porque todos formamos parte de al menos uno de ellos, y muchos otros, como la niña del call center, forma parte de los dos.
Por mi parte, yo pongo mi granito de arena. Yo me esfuerzo por hacer bien mi pega, no le robo a la gente, no vendo lo que no puedo entregar ni cobro lo que no corresponde.
¿Qué debe hacerse para detener esto? Una vez más, simplemente usar el sentido común, algo de lo que casi cualquier persona, por el sólo hecho de nacer en Chile, carece. Si los mismos legisladores y funcionarios de los organismos legislativos chilenos se pusieran las pilas y se legislara en este ámbito, se dieran vías para permitir que este tipo de litigios estuvieran exentos de costos para las víctimas, estoy absolutamente seguro de que el fenómeno comenzaría a retroceder. En Chile jamás desaparecerá, pero tal vez podríamos llegar a niveles aceptables, como los de Colombia o Bolivia, países que no se vanaglorian como nosotros de ser “pujantes y triunfadores en su escala”.
Tal vez nos hace falta reconocer que somos un país realmente tercermundista y perdedor, para poder de una maldita vez ponernos de pie y comenzar a luchar por construir un país en verdaderas vías de desarrollo, un país verdaderamente pujante y no uno sacador de vuelta, uno que se desarrolle como país en lugar de enriquecer a los ricos, conservar a los pobres y empobrecer a una clase media en vías de extinción, un país que favorezca a las pymes, al trabajador y a quien de verdad quiere surgir.
El primer paso para todo enfermo o adicto es siempre, si o si, reconocer su calidad de tal. Creo que a nosotros como país nos hace falta precisamente eso para poder dar el primer paso.
Por cierto, mi caso irá al Sernac y al diario. ¿La caridad empieza por casa, no?
- Vischo - |
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