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12 août

Cuando la seguridad es negocio


    Recientemente tuve una intensa vivencia que me llevó a pensar varias cosas.
    Iba por una de nuestras superautopistas, la Central, en dirección al sur. Aun no eran las 10 de la mañana, iba a los 120 Km/h permitidos, cuando noté que un camión tolva sin carga ni toldo ingresó a la autopista un poco más adelante. El vehículo se cruzó desde la derecha hasta la pista de al medio, para luego volver a la derecha bruscamente. Vi que venía un vehículo detrás mío, a una distancia prudente, y otro en mi punto ciego a mi derecha. Cuando el camión hizo su brusco viraje de vuelta a la derecha, una piedra del porte de un limón grande, como una pelota de tenis ovalada, salió de alguna parte de su zona trasera, no sé si de entre sus ruedas o si cayó desde la tolva. La piedra dió un bote en el suelo, lo cual la frenó muy bruscamente, y volvió a elevarse. Mi reacción instantánea fue presionar el botón de hazard y meter el pie al freno. Consciente de que detrás mío venía otro, y sabiendo que tal vez podría no frenar a mi ritmo, sólo disminuí de forma brusca en lugar de clavarme en el piso. Mientras vi la piedra dirigirse directamente a mi cara, a mi derecha pasó el vehículo que previamente venía en mi punto ciego. El golpe fue ensordecedor, la piedra rebotó hacia arriba, el vehículo que venía detrás mío quedó cerca, pero lo suficientemente alejado como para reaccionar de manera segura y conservar una distancia razonable.
    Sorprendentemente, en mi parabrisas sólo quedó una trizadura del tamaño de una moneda de $10 que no logró llegar hasta el lado que da hacia el interior del vehículo.

    Cuando llegué a mi destino, me quedé algunos minutos en el interior del auto pensando lo cerca que estuve de no poder contarlo. La marca en mi parabrisas quedó exactamente entre mis ojos. Claramente, la primera decisión fue que ese parabrisas sería reemplazado por otro original, nada de alternativos. En segundo lugar, la molestia por la irresponsabilidad de ese chofer al conducir de forma tan imprudente, inconsciente, olvidando que hay otros vehículos a su alrededor, olvidando que la limpieza de un vehículo de carga al salir de una obra debería ser minuciosa, y conducir recordando qué tipo de vehículo es el que estamos manejando.

    Diariamente conduzco hasta Quilicura, más allá de Vespucio Norte por la Panamericana. También con mucha frecuencia debo ir desde ahí hasta Buin, para más tarde volver a la oficina, y luego a mi casa. En el tramo que va desde Santa María hasta Vespucio Norte, yendo por Panamericana Norte, me encuentro nunca menos de 4 camiones cargados con áridos que van dejando caer material al andar. Pequeñas piedrecitas, arenilla, restos de tierra. Hacia el sur es lo mismo. Luego, es inevitable comenzar a preguntarse cosas como las siguientes:
- ¿Cómo puede afirmarse que una carretera es "segura" si no existe una fiscalización respecto de este tema?
- ¿Nadie nunca ha dejado un reclamo por los trozos de madera o piedras que quedan en las carreteras urbanas?
- ¿Cómo pueden objetar una revisión técnica a un vehículo particular por tener la mica de un intermitente trizada por los riesgos que podría implicar, o por tener un parabrisas picado como el mío por un camionero irresponsable, pero no existe un control sobre los elementos peligrosos que se dejan caer diariamente en las carreteras?
 
    En mi opinión, el tema debería ser tan simple como que las autopistas sólo deberían ser vías para vehículos de pasajeros, no de carga. Gran parte de la congestión en horas punta se debe a ellos, basta solamente con mirar alrededor en un taco y calcular cuánto espacio se liberaría al no tener camiones de gran tamaño metidos ahí, con su poca agilidad e innecesaria agresividad... Probablemente ni siquiera nos cobrarían tarifa de congestión, pues sólo habría un tráfico denso, pero no estático.
    Tal vez no podemos ser tan extremistas, pero lo que sí deberíamos hacer es fiscalizar y regular. Fiscalizar en sencillamente impedir el ingreso de vehículos con carga peligrosa porque desprende restos, así como se impide a vehículos con cargas explosivas ingresar a los túneles. Tal vez no parezca peligroso, pero definitivamente no pensarías lo mismo si te llegara un peñascazo como el que yo recibí, o si lo recibiera el vehículo que va adelante tuyo y él simplemente frena a fondo. Si mi reacción hubiera sido otra, esa piedra pudo haber causado una colisión en cadena que pudo haber dejado heridos, incluso algún muerto.

    Si estoy pagando extra para moverme con rapidez y seguridad, debería ser un derecho que la vía se encuentre en condiciones, y que alguien vele por eliminar riesgos como las piedras voladoras, vengan de parte de un loco sobre un paso peatonal o de un camión. Si no es así con algo tan básico como la seguridad mínima que debe haber en una carretera, ¿Qué es lo que estoy pagando?
 
- Vischo -